Introducción
Desde que empecé en la docencia, me ha apasionado todo lo relacionado con la inclusión educativa y con aprovechar la tecnología para potenciar el aprendizaje de mis estudiantes. Por eso recuerdo con claridad la primera vez que vi una noticia sobre el surgimiento de las inteligencias artificiales generativas: supe, casi de inmediato, que se acercaba una revolución educativa importante, y que era una ola que debía aprender a surfear, no a evitar.
A veces pienso que a mí me habría encantado ser estudiante en esta era de las IAs —tener a la mano un tutor disponible a cualquier hora, que se adapta a tu ritmo y te explica las veces que haga falta sin juzgarte, habría cambiado por completo mi manera de aprender. Esa curiosidad es la que me llevó, en algún momento de los últimos dos o tres años, a dejar de preguntarme si debía usar inteligencia artificial en mi trabajo y a empezar a preguntarme cómo usarla bien.
Llevo años dando clases particulares, y no te escribo esto desde la teoría: la uso semana con semana, con nombre y apellido de mis alumnos de por medio, para preparar clases, generar ejercicios y hasta para construir la plataforma que sostiene a Aula 31.
Este artículo no busca convencerte de que la IA es buena o mala para la educación —la respuesta honesta es que depende por completo de cómo se use—. Lo que sí quiero es compartirte, con datos y con mi propia experiencia frente al pizarrón (o la videollamada), las ventajas, las desventajas, lo que opinan padres, alumnos y profesores, para qué edades la recomendaría y cómo la uso yo mismo, día a día, en mi trabajo.

¿Qué tanto se usa ya la IA en el salón de clases?
La discusión de si la inteligencia artificial “debería” entrar al aula ya quedó atrás: está ahí, la usemos nosotros como profesores o no. Seis de cada diez docentes ya la usan en su trabajo diario, y más del 75% dice que planea usarla en el próximo ciclo escolar. Del lado de los alumnos, el 89% de los universitarios reconoce haberla usado en algún trabajo académico, y casi 8 de cada 10 estudiantes ya la usan para hacer tarea.
Los padres están en un punto intermedio: el 57% cree que la IA tendrá un impacto positivo en la educación de sus hijos, pero el 53% no ve bien que la usen para hacer tareas escolares —y aun así, 4 de cada 10 admite haberla usado para ayudarles—. Con esta radiografía en mente, la pregunta relevante ya no es si la IA debe estar en el aula, sino cómo la estamos usando.
Las ventajas que yo mismo aprovecho cada semana
Fuera de las clases, gran parte de mi preparación pasa por la IA. Cuando un alumno me comparte sus guías, apuntes o exámenes anteriores, le pido a la IA que los analice y me ayude a construir una guía de trabajo personalizada para esa persona en particular —no una genérica, sino una que responda a sus errores específicos y a su forma de entender los temas—. Después de cada clase, también uso IA para generar listas de ejercicios hechos a la medida, para que cada alumno pueda practicar exactamente lo que necesita reforzar.
Esto no es exclusivo de mi manera de trabajar. Entre las ventajas más señaladas por profesores y estudiantes en general están:
- Tutoría personalizada y retroalimentación en tiempo real.
- Ahorro de tiempo y mejor organización del estudio (68% de los estudiantes lo reporta así).
- Aprendizaje más interactivo y motivador —55% de los alumnos dice que estudiar se vuelve más ameno con IA de por medio.
- Preparación para un entorno laboral donde colaborar con sistemas inteligentes ya es parte del día a día.

Lo que también he visto salir mal
No todo es ganancia. He visto de primera mano algunos riesgos muy concretos.
Los estudiantes a los que no les gusta pensar se rinden con más facilidad, porque tienen acceso inmediato a una respuesta generada por IA y prefieren copiarla antes que intentar resolver el problema ellos mismos. Relacionado con esto, muchos estudiantes no saben generar sus propias estrategias de aprendizaje: se acostumbran a que la respuesta llegue resuelta, en vez de desarrollar la manera de llegar a ella.
También me ha pasado que un alumno encuentra información que no es adecuada para su nivel. En matemáticas, por ejemplo, le pueden aparecer teorías de nivel licenciatura o soluciones “más directas” que en realidad se desvían del objetivo real de la clase —ya sea porque el tema que estamos trabajando es otro, o porque como profesores pensamos en caminos específicos, relacionados con el temario y con la forma en que ese alumno construye su conocimiento paso a paso. Una respuesta “correcta” no siempre es la respuesta correcta para ese momento del aprendizaje.
Estos hallazgos personales coinciden con lo que reportan las investigaciones: el 67% de los estudiantes admite que usar IA en sus tareas perjudica su pensamiento crítico, y casi la mitad (49%) no logra identificar cuándo la información que reciben es incorrecta. A esto hay que sumar los riesgos ya documentados de “alucinaciones” —información inventada y presentada con total seguridad— y la posibilidad de que se reduzca la interacción humana entre maestro y alumno si se abusa de la herramienta.

Lo que opinan padres, alumnos y profesores
Padres de familia
La opinión de los padres está dividida. Reconocen el potencial de la IA —el 61% cree que tendrá una incidencia positiva en el futuro profesional de sus hijos—, pero desconfían de su uso puntual en las tareas escolares. La mayoría (72%) considera que debería ser la escuela quien enseñe a sus hijos a usarla, y el 64% coincide en que el pensamiento crítico será cada vez más importante en un mundo con IA.
Alumnos
Los estudiantes son quienes más la usan y, en general, la valoran: la ven rápida, personalizada y motivadora. Pero también son los primeros en admitir sus límites: 7 de cada 10 opina que debería enseñarse a usarla de forma responsable en todas las etapas educativas, lo cual sugiere que ellos mismos sienten que les falta esa guía.
Profesores
Seis de cada diez docentes ya la usan para su propio trabajo y su actitud es mayormente positiva, pero existe una brecha real de capacitación: 69% no ha recibido ninguna guía institucional sobre cómo aplicarla en el aula. Aquí aparece una paradoja interesante: la misma herramienta que la mayoría de los profesores considera útil para su propio trabajo, la ven como una amenaza cuando piensan en sus alumnos —sobre todo para el esfuerzo, el pensamiento crítico y la integridad académica.
¿Para qué niveles la recomendaría?
Aquí quiero ser muy claro: no soy pedagogo, y esto es mi opinión personal basada en mi experiencia dando clases particulares, no una recomendación con respaldo académico formal.
Dicho esto, yo recomendaría el uso de IA a partir de secundaria. Antes de esa edad, creo que el pensamiento lógico, la tolerancia a la frustración y las estrategias propias de aprendizaje todavía se están formando, y el acceso inmediato a respuestas puede interferir con ese proceso más de lo que ayuda. A partir de secundaria, con la guía adecuada de un adulto, la IA puede convertirse en una herramienta de apoyo real en vez de un atajo.

IAs recomendadas y no recomendadas
No todas las herramientas de IA sirven —ni son seguras— para fines educativos. Esta es una selección, sin pretender ser exhaustiva:
| Recomendadas | Por qué | No recomendadas | Por qué |
|---|---|---|---|
| Khanmigo (Khan Academy) | Guía al estudiante sin darle la respuesta directa; diseñada para tutoría. | Character.AI | Prohibida para menores de 18 años desde noviembre de 2025, tras casos vinculados con autolesión y suicidio; sin fines educativos. |
| Google Gemini / ChatGPT, con supervisión | Uso general con filtros de contenido activados y acompañamiento de un adulto. | Chatbots de “compañía” o personajes sin fines educativos | Riesgo de vínculo emocional inapropiado y desinformación. |
| Eduaide.AI y Curipod | Pensadas para que el profesor diseñe actividades y evaluaciones. | Generadores de ensayos “listos para entregar” | Fomentan copiar y pegar sin comprensión real; riesgo de deshonestidad académica. |
| Education Perfect | Plataforma curricular con IA integrada por materia. | Cualquier IA sin política de privacidad clara o sin control parental | Riesgo de mal manejo de datos de menores. |

Antes de recomendar cualquier herramienta a un alumno o a sus padres, vale la pena revisar su política de privacidad y su edad mínima recomendada.
Cómo la uso yo — y cómo deberías usarla tú
En mi caso, la IA ya es parte de la infraestructura de Aula 31, no solo de mis clases: la utilizo para programar los Stepis de Aula 31, y también para crear y dar mantenimiento a la plataforma misma. Es decir, no solo la uso como profesor frente a mis alumnos, sino como la herramienta que me permite construir las herramientas con las que ellos aprenden.
Con esa experiencia de ambos lados, estas son las reglas que sigo y que recomendaría:
Para profesores:
- Diseñar actividades donde la IA sea el punto de partida, no el de llegada —pedirle al alumno que explique, corrija o cuestione lo que la IA generó.
- Enseñar explícitamente a detectar alucinaciones y a verificar fuentes.
Para padres:
- Conocer qué herramienta usa su hijo y revisar su política de privacidad.
- Acompañar el uso, no solo prohibirlo ni ignorarlo.
Para alumnos:
- Usar la IA para entender, no para saltarse el proceso de aprender.
- Verificar siempre la información antes de darla por buena.
Un tema que no podemos pasar por alto: privacidad de datos de menores
Las plataformas de IA recopilan información sobre quienes las usan, y cuando esos usuarios son menores de edad, el tema deja de ser opcional. En México, el manejo de estos datos está regulado por la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares (LFPDPPP); a nivel internacional, la referencia más citada es la ley estadounidense COPPA (Children’s Online Privacy Protection Act), que exige consentimiento parental verificable para recopilar datos de niños menores de 13 años.
En la práctica, esto se traduce en algo simple: antes de que un alumno use cualquier herramienta de IA, vale la pena que un adulto revise qué datos pide, cómo los almacena y si existe algún tipo de control parental disponible.
¿Apoyo o trampa? Dónde está la línea
Una de las mayores preocupaciones —tanto de profesores como de instituciones— es la honestidad académica. La diferencia, para mí, está en el proceso, no en la herramienta: usar IA para entender un concepto, revisar un borrador o generar ideas es apoyo. Pedirle a la IA que resuelva la tarea completa y entregarla como propia, sin haber pasado por el proceso de pensar, es trampa. La misma herramienta puede ser una u otra cosa dependiendo de qué le pidamos y qué hagamos con lo que nos entrega.
Ejemplos concretos por materia
- Matemáticas: pedirle a la IA que explique un procedimiento paso a paso —no solo el resultado final— y comparar ese procedimiento con el que se enseñó en clase.
- Lengua y redacción: usarla para recibir retroalimentación sobre un borrador propio, no para generar el texto desde cero.
- Ciencias: pedirle que proponga preguntas de repaso sobre un tema ya visto, en vez de que resuelva un reporte completo.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad puede un niño empezar a usar IA para estudiar?
No hay una edad universal, pero mi recomendación personal —no de pedagogo— es a partir de secundaria, siempre con supervisión.
¿Es trampa usar IA para hacer la tarea?
Depende de si se usa para entender o para evitar pensar. Revisa el apartado “¿Apoyo o trampa?” más arriba.
¿Qué IA es más segura para niños pequeños?
Ninguna herramienta de uso general está pensada específicamente para niños; para menores conviene priorizar herramientas educativas diseñadas para ese fin, siempre con supervisión de un adulto.
¿Cómo saber si mi hijo depende demasiado de la IA?
Una señal clara es que no pueda explicar, con sus propias palabras y sin apoyo, cómo llegó a una respuesta que entregó como propia.
Conclusión
Después de usar la IA todos los días, tanto para dar clases como para construir Aula 31, mi conclusión es que la pregunta correcta nunca fue si la IA debe estar en el salón de clases. Ya está ahí. La pregunta es si vamos a acompañar ese proceso con criterio —como escuela, como familia y como estudiante— o si vamos a dejar que la tecnología avance sin nosotros. Yo elijo lo primero, y este blog es, en buena parte, mi forma de compartir ese camino contigo.

Próximamente en Aula 31: seguimos esta conversación en nuestros artículos sobre autodidactismo y trabajos del futuro, y sobre si todavía necesitamos aprender cuando la IA “lo sabe todo”.
Fuentes consultadas
- GoStudent — ¿Debería permitirse la IA en las escuelas? Pros y contras.
- Ciencia UNAM — Grandes desafíos del uso de la IA en la escuela.
- Infobae — IA en el aula en 2026: ¿vamos bien?
- UNIR — Cómo educar a niños y adolescentes en la era de la IA.
- El Debate — La IA pone en jaque a la escuela: los padres dudan de ella, pero la usan para ayudar a sus hijos.
- Tecnológico de Monterrey — Conversar, guiar y aprender: 10 claves para padres al usar IA en casa.
- Magisnet — La IA hace más productivo al docente, pero erosiona la confianza en el aula.
- The Objective — Más del 75% de profesores prevé usar la IA en el nuevo curso, según una encuesta.
- Infobae — Tres de cada cuatro docentes apoyan el uso de la Inteligencia Artificial con fines educativos.
- IT ahora — El 64% de los estudiantes usa IA; expertos advierten sobre la “ilusión de aprendizaje”.
- iProfesional — Casi 8 de cada 10 estudiantes ya usan IA para hacer la tarea, pero la mitad no detecta sus errores.
- mmmacademy — IA para niños: Guía de uso seguro y ético en 2026.
- Forbes México — Character.ai prohibirá a los niños hablar con chatbots después de enfrentar presión regulatoria y demandas.
- RED/ACCIÓN — Khanmigo: cómo es la nueva herramienta de IA que funciona como un tutor para los estudiantes.
